El concepto televisivo que existe actualmente, con la televisión con el rol de emisor, y el espectador como receptor es lo que afirma y mantiene a la TV hoy en día.
La televisión se dedica a entretener y así es como dueñas de casa, niños y jóvenes, olvidan sus tareas cotidianas y evaden estudios y quehaceres, bajo la dirección de un programa que muestra únicamente lo que quiere mostrar e informa de lo que quiere informar. Ese filtro es el que complica la situación de la interacción entre el emisor y el receptor, ¿qué pasaría si la gente dijera lo que quisiera en televisión?, ¿qué pasaría si todos opinaran sin importar de quién se esté hablando? O ¿qué pasaría si los rostros televisivos perdieran su importancia y fueran remplazados por “grandes pensadores o críticos” del Twitter?
A la televisión no le conviene perder el control de lo que se quiere mostrar, son muchos los riesgos que se corren, y si bien hoy en día existen muchos programas que cuentan con plataformas como Twitter o Facebook donde la gente puede opinar, todas las ideas que se introducen ahí, pasan por un filtro antes de ser leídas y comunicadas al público.
La televisión convence a los espectadores de que lo que están mostrando es lo realmente interesante y de lo que vale la pena hablar, marcan una pauta en nosotros de lo que va a ser tema al día siguiente. Es inevitable hablar de las teleseries nocturnas de TVN o de los reality shows de Canal 13, a pesar de que nosotros no tengamos ninguna influencia en lo que vaya a pasar.
Sin embargo, con este sistema en el que no hay un feedback entre el emisor y el receptor, cada día hay menos personas viendo televisión. Y es que con la llegada de Internet, los espectadores se dieron cuenta que no tenían por qué cumplir un rol pasivo y que ellos también querían participar y opinar.
La radio, es uno de los medios que más ha aprovechado el rol activo de su público, haciendo programas como por ejemplo “El Chacotero Sentimental”, donde la pauta se va armando según lo que diga quien llama al programa. De la historia de este personaje, se habla, se opina y después se pone una canción que tenga relación con el tema. Hacen que las personas participen y que de esta manera sea un programa más cercano, con historias reales contadas por sus protagonistas, quienes son nada más ni nada menos que el público que se convierte en un personaje activo.
Pero la televisión no se quiso quedar atrás en este formato, y así, el 2009 Canal 13 quiso innovar con programas como “El blog de la Feña”, donde el público podía elegir cómo quería que terminara cada capítulo, se planteaban alternativas para que el público votara y así se sintiera “parte”. El público va de alguna forma “haciendo el programa” y “siendo un medio”, teniendo así una cultura de participación, en la que se enfrentan los “interactores” a los espectadores y hay que ver, en cuál de los dos puestos prefieres estar.
Pero Chile no está preparado aún para tener interacción en un 100% entre el emisor y el receptor con respecto a los canales de televisión. El público no es muy demandante en ese sentido, y está acostumbrado a que se le imponga lo que tiene que ver; y si no quiere ver eso, busca en internet, pero no se plantea la posibilidad de ser ellos quienes de verdad decidan u opinen qué pasa en televisión.