Como productora de un programa de televisión, optaría por el modelo viral. Con una idea ingeniosa, entretenida, y que pueda acceder al capital emocional de las personas, se logra que mi programa o publicidad, genere una “necesidad” de ser compartida. Con esto además, se corre menos riesgo de que el mensaje que quiero entregar se altere, por lo que mi producto inicial – y por lo tanto, el producto deseado - estaría llegando a un número considerable de personas, sin la necesidad de invertir muchos recursos.

Estamos en una época en la que el Internet y las redes sociales, como Facebook o Twitter, se han tomado las comunicaciones, por eso hay que aprovechar este “boom” informático generando contenido que apele a las emociones de la gente y que de esta manera, nazca de ellos compartirlo.

El modelo desparramable, está más enfocado a los fanáticos, a un grupo segmentado de gente que le interesa exclusivamente lo que está viendo, por lo que no siempre es viral, y por lo tanto, puede llegar a un número menor de personas.

Por ejemplo, el comercial de Volswagen, donde aparece un niño disfrazado de Darth Vader, independiente de que la audiencia no se vea representada ni con la marca del auto ni con La Guerra de las Galaxias, el niño genera capital emocional en los espectadores, lo que hace que estos quieran esparcir el contenido y hacer que más gente lo vea. Esto finalmente beneficia a la marca, quien al haber creado contenido viral, permite que éste se esparza solo y genere un mayor alcance de personas, que pueden a su vez seguir compartiendo la información.

Para generar contenido desparramable, hay que tener más tiempo y de alguna manera, “ganas” para hacerlo. El contenido viral es más rápido, fácil, transmisible, masivo y sólo basta un post o tweet para que millones de personas puedan ver de qué se trata el contenido.