No hay dudas que la televisión y su industria no pueden obviar el peso de Internet y sus beneficios. Día tras día, las personas están más conectadas a la red y gran parte de su tiempo de ocio (incluso en el trabajo) lo pasan en esta plataforma.
Los géneros de la televisión ya no pueden sobrevivir en la conciencia de las personas ni menos aguantar económicamente la presión de sus anunciantes.
La forma de hacer TV está cambiando. El formato rígido con comerciales que cortan el clímax de una serie al parecer va desapareciendo poco a poco. Las marcas y/o patrocinadores tienen que también adaptarse a este nuevo paradigma.
Esto se centra en la aparición “desapercibida” de algunas marcas en diversos géneros. Protagonistas consumiendo diversos productos: comiendo, vistiendo o simplemente nombrándolos como si fuesen parte de la cotidianidad.
Con respecto al público hay que señalar que los distintos géneros se centran en los nichos. Internet permite a los productores de los más diversos programas penetrar en estos pequeños grupos, que a su vez, son vitales en la “desparramación” del contenido.
Es en la importancia que les dan los productores a sus nichos lo que hará que el programa sobreviva. Esto no sólo a un nivel de lealtad sino que de ingresos. El nicho al tener capital emocional relevante hacia el contenido también lo tendrá entorno a todo lo que se genere entorno a éste.
Por ejemplo, el Reality Show “Top Chef” genera toda una comunidad entorno a la buena mesa y a la gastronomía. Cuchillos, caldos, ollas y sartenes de ciertas marcas son sinónimos de lo anteriormente dicho.
Este show también tiene una gran presencia en las redes sociales. En este espacio, los productores desparraman imágenes exclusivas, recetas, adelantos y conflictos que no son vistos en el programa tradicional. Por otra parte, cada Chef que participa en el concurso tiene un espacio para compartir con sus seguidores.
En este nuevo paradigma, el eje central del éxito sigue siendo el público, en este caso, el nicho. Lo importante pasa por la preocupación de los productores en integrarlos y dar capital emocional a los elementos que se entregan entorno al contenido. Los patrocinadores, por su parte, pasan a involucrarse y a ser parte de este juego de emociones.
Por Ignacio Vásquez